martes, 15 de julio de 2008

Confesiones nocturnas


Cuando empecé este blog deseaba que fuera un secreto para poder escribir libremente lo que pensaba, quería o deseaba, un poco como Guilty Secret. Después estaba orgullosa de mi blog, así que empecé a decírselo a la gente y, claro, dejó de ser un espacio libre donde poder decir las cosas que me frustraban a veces, las que me hacían felices y todas esas veces en las que se me cayó alguna lagrimilla que otra.

Supongo que nuestra historia es diferente, no como los típicos cuentos de hadas que todo el mundo cuenta. Como científica, sólo me creo las historias que pueden demostrarme con pruebas y, francamente, hay pocas, muy pocas de estas maravillosas historias que me crea. La verdad es que yo era de la liga anti boda: nunca he creído que por firmar un papel una relación valiera más o menos. Pero, cosas del destino, de repente, todo cambió. No sé qué es lo que fue que hizo que cambiara de opinión. Pero cambié. Y ya nada fue igual. Le dí su tiempo, no ha cambiado de idea respecto a las bodas, pero sí cambió de idea respecto a "nuestra boda".

Y ahora estoy en una fase de "¿realmente merece la pena?" Quiero decir, organizar una boda representa dinero, mucho dinero. ¿Hasta qué punto es necesaria una fiesta para celebrar nuestra boda? ¿Hasta qué punto esa fiesta puede tener el precio tan desorbitado que he llegado a leer? Pero por otro lado, ¿sería capaz de renunciar a ser princesa por un día? Soy consciente de que ese sueño de transformarme por un día en una princesa de cuento no es más que una de tantas tonterías que nos meten en la cabeza cuando somos pequeñas. Un secreto: cuando era pequeña, era incapaz de dormir la siesta (todavía lo soy, a no ser que esté muy muy cansada), así que me imaginaba, como hacen los niños, que era una princesa el día de su boda. Con las sábanas, me fabricaba un vestido (palabra de honor, para ser más exactos), y soñaba con mi príncipe azul, que llegaba en su caballo blanco para ponerme mi zapatito de cristal. Para ser sincera, con los años, el príncipe azul cambió a ser como George Clooney, el caballo blanco un Carrera 4 gris metalizado y el zapatito de cristal, un maravilloso par de Louboutins. Pero la esencia seguía siendo la misma.

Y ahora he encontrado un traje que me encanta, y me hace sentir sexy, recatada y con un tipazo espectacular. Pero no es palabra de honor, porque con mi gran complejo, es imposible que yo lleve uno. Y el novio es alguien encantador, que me adora y que no duda en visitar un hotel que yo le digo a las 9 de la noche para darme su opinión, simplemente porque yo ahora vivo a no sé cuántos kilómetros. Pero no me ha pedido que me casara con él por sorpresa, con un zapatito de cristal (o un par de Louboutin, tampoco hay que ponerse demasiado tiquismiquis).

Ahora direis que bienvenida a la realidad, y que los cuentos de princesas y zapatos de cristal son imposibles, irrealizables y además una tontería. Pero, qué quereis que os diga, una parte de mí no quiere renunciar a ese sueño. Aunque la verdad es que la mayor parte de mí necesita controlarlo todo, hasta el más mínimo detalle y creo que terminaría buscando yo mi propio anillo de compromiso, el viaje perfecto... e incluso puede que eligiera yo también el día y la hora.

No me malinterpreteis, le quiero, le adoro, me hace reir, me siento segura cuando está cerca y me deja mi espacio, que para mí es lo más importante del mundo, porque me agobio fácilmente (a mi primer novio llegué a prohibirle que me dijera "te quiero" porque me sentía agobiada... y culpable, por no quererle yo). Pero me cuesta renunciar a mis sueños de niña.

1 comentarios:

Yined dijo...

Querida entiendo tu dilema, muchas veces me pregunto por qué mejor no 'elope' y olvidar este enredo. Pero una parte de mí piensa que al mirar atrás me arrepentiría de no haber hecho nada. Nos propusimos un 'happy medium' ni muy ostentoso (nada ostentoso) ni exageradamente casual. Una fiesta con amigos y familia sin la presión de la boda moderna.
Yo también añoraba una proposición matrimonial sorpresiva, pero más bien me vi planificando sin anillo y sin nada, solo el consentimiento del manfriend. A veces una tiene que compromise como dicen los americanos. El me propuso de la manera más tierna y sentimental y admito que fue como quitarme un peso de encima, confirmar que he's onboard.
Mucha suerte querida y disfruta el proceso!

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María
Empecé este blog en el 2008, cuando estabamos planeando nuestra boda. Y desde entonces, cambiamos de planes un montón de veces y hasta nos casamos! ¿Por qué vestir de blanco? Porque todas las revistas han terminado pareciéndome iguales, porque la inspiración aparece donde menos te lo esperas. Porque nos casamos. vestirdeblanco@gmail.com
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